La combinación de las personas y la IA es lo que realmente transformará nuestras empresas: entrevista a Nerea Olazabal, Coordinadora de innovación en Grupo LKS NEXT

Nerea Olazabal

¿Cuál es el caso de uso más potente o significativo que habéis aplicado en vuestra organización?

En nuestra organización contamos con numerosos casos de uso de IA, ya que acompañamos a nuestros clientes en la resolución de sus problemas y en la mejora de su competitividad. Empezamos en su día aplicando IA “clásica”, incorporamos posteriormente la Inteligencia Artificial Generativa, últimamente estamos trabajando con agentes de IA y recientemente con casos de aplicación de IA cuántica, especialmente en ámbitos de optimización y gemelos digitales.

Si la pregunta se refiere al uso de la IA dentro de nuestra propia organización, destacaría los avances en eficiencia operativa, gestión de personas y gestión del conocimiento. Por destacar un uso menos habitual, hasta nuestro equipo legal utiliza las ventajas de la IA.

¿Cuál es el mayor reto que estáis enfrentando en las aplicaciones de IA de vuestra organización?

El mayor reto que estamos afrontando actualmente es lograr que nuestras personas puedan asumir en tiempo y forma la rápida evolución de la tecnología. Esto requiere acompañamiento, formación y un proceso de cambio cultural que nos permita integrar estas tecnologías de forma natural en nuestro día a día. Estamos repensando y dando forma a nuestra propuesta de valor para incorporar nuevas capacidades, modelos de trabajo y servicios basados en IA que respondan a las necesidades actuales del mercado.

Por último, uno de los aspectos más críticos es encontrar el equilibrio entre la adopción generalizada y normalizada de estas tecnologías y la gestión responsable del riesgo que conllevan, especialmente en ámbitos como la protección de la información, la privacidad y la ciberseguridad. Nuestro objetivo es avanzar con ambición, pero siempre garantizando un uso seguro y ético.

¿Qué consejo práctico le darías a alguien que quiere empezar a aplicar IA y no sabe por dónde comenzar?

Que dedique tiempo a informarse y formarse, y que comience utilizando soluciones sencillas que le permitan entender su potencial real. A partir de ahí, resulta fundamental contar con un partner con experiencia, que pueda acompañarle en todo el proceso: desde la identificación de oportunidades hasta la implantación de soluciones, incluyendo la evaluación y mitigación de riesgos. 

Además, es imprescindible que los equipos profesionales aprendan a trabajar con la IA e incorporen estas capacidades en su día a día, de manera que puedan reinventarse y aprovechar todo su potencial. La IA por sí sola no nos hace más competitivos, es la combinación de las personas —empezando por la alta dirección— junto con la IA lo que nos va a permitir evolucionar nuestras empresas y afrontar con éxito los nuevos paradigmas.

¿Cómo convencerías a un cliente o a la alta dirección de tu empresa de que vale la pena invertir en IA aplicada?

Quiero pensar que, a día de hoy, no hay ninguna alta dirección de ninguna empresa con visión de futuro que tengamos necesidad de convencer de la conveniencia de invertir en IA aplicada. No hacerlo sería comparable a aquellas empresas que, en los años 90, decidieron no digitalizarse. ¿Quién se acuerda de ellas hoy? Más que convencer, lo que realmente necesita la alta dirección es apoyo para priorizar dónde y cómo aplicar la IA, definiendo un camino claro que maximice el impacto y minimice los riesgos. 

Esto implica seleccionar los casos de uso adecuados, garantizar una implantación responsable y asegurar la implicación de las personas en el proceso. En definitiva, invertir en IA no es una opción, sino una decisión estratégica que permite a las organizaciones seguir siendo competitivas en un entorno en constante transformación.

Completa la frase: “La IA aplicada es…”

La IA aplicada es hoy una transformación de gran parte de los paradigmas sociales, empresariales, culturales, educativos, incluso humanos y, por tanto, es una transformación exponencialmente mayor a la que la digitalización supuso a finales del siglo XX.

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